
¿Cómo lo hacemos? ¿Para qué? ¿Qué relación hay entre el trabajo y el sentido de nuestras vidas? Es así si consideramos al trabajo como un escenario en el cual una persona expresa sus habilidades, invierte sus energías, compromete su creatividad, manifiesta sus patrones de relación con los demás. No somos unos en el trabajo y otros fuera de él. Caemos en una peligrosa disociación si creemos que el tiempo que dedicamos al trabajo, así como las conductas que mostramos allí, no cuentan, no nos definen, y que nuestra verdadera identidad se expresa cuando llegamos a casa, cuando nos encontramos con amigos, cuando desarrollamos pasatiempos, estamos estudiando o estamos con nuestros amigos o familia. Estemos donde estemos somos una totalidad integrada por múltiples aspectos. Si negamos alguno de ellos en el afán de construir una personalidad “aceptable” sólo lograremos que ese aspecto se exprese de modo disfuncional. La vieja historia del Doctor Jekyll y Mr. Hyde.